jueves, 19 de mayo de 2011

Sinceridad Lingüistica.

Las vueltas de la vida. Yo, hablando la semana pasada sobre mi blog personal, y ahora está completamente cerrado, esperando por que lo rescate en un plazo de noventa días… Pero no sucederá. Admito que lo he escuchado en un constante susurro dilatado, diciéndome: “Dani, no me cierres. No por culpa de ese ser viviente con demasiado cerebro y poco adorno neuronal. No lo hagas…” Y entonces, me repito de forma acústica (Acompañado de un Sol, Fa y Do mayor) que seguramente es una medida drástica, alterada, pero complementaria a mi forma de ser: si digo que lo haré, lo hago.
Dejé muchos sentimientos, revoltijos emocionales pulcros (y no tanto) en ese lugar; dejé un mundo feliz que se vio amenazado, desde hacía mucho tiempo y sin yo saberlo, por una persona detestablemente entrometida, con atisbos esporádicos de psicóloga. Alguien que no conozco, ni me interesa conocer; alguien a quien respeto por ser humano, pero no aprecio por actuar como si de un ladrón se tratase. A mí nunca me ha olido a flores las actitudes escurridizas y ocultas.
Quizás la situación formal, aburrida pero incómoda, no se está entendiendo mucho. No encuentro una forma gráfica de representar, lo que puede dejar avergonzado a alguien que seguramente estará leyendo esto, porque de esa me espero cualquier cosa. Mi idea tampoco es darle protagonismo a alguien que hace rato no figura en escena, y que no figurará. Pero ya que se profanó “mi cajita de nada”, en dónde Alicia tenía más pinta de duende pálido, es necesario aclarar que este será mi espacio público para descargarme, reír o llorar, de la forma que se me plazca, tomando o no en consideración a quienes leen este blog, de forma responsable, ya sea voluntariamente o no tanto, y por puro masoquismo, ocio, y días enteros de nada.
Una vez entraron a robar el primer auto que mi mamá se compró gracias a su sueldo. Yo era un punto regordete a esas alturas, no tenía más de cuatro.
Un día de esos grises, cuando caminaba hacia su auto para llegar rápido al cálido hogar, pudo notar incluso de lejos que algo no andaba bien con su cacharrito. Habían forzado la chapa, y no solo eso: se habían robado mi chaqueta de mezclilla con chiporro, y otras cosas sin mucha importancia.
No le habían robado la radio, ni los papeles, ni ningún documento ni objeto de valor, más para ella, ese lugar ya estaba contaminado. Llorando, le pidió a mi papá que la fuese a buscar, que no se podía subir al auto, pues era tal su sorpresa y desconfianza, que incluso podía sentir una fragancia diferente en el tapiz; el olor caramelo que solía tener, ahora era más cercano a algo putrefacto.
¿La analogía? Seguramente es exagerada. No me robaron nada palpable, pero si parte de mis emociones plasmadas en letras escritas con tinta pinta mundos; gracias a Dios mi blog no olía a nada diferente (por razones evidentes), pero sí tenía una esencia diferente… Puede que no haya sido un ladrón de especies, pero si uno de buenas intenciones, con el corazón cristalizado, porque sabe que es así… ¿Está más aburrido ahora que no tiene nada privado perteneciente al fondo de mi corazón, inexperto, de solo diecisiete años?
(Y si es que se considera grande, compórtese como una).


  Aclaro, solo por si las moscas: es una mujer. Pero yo se, que eso usted, ya lo sabe.

domingo, 15 de mayo de 2011

Torpedos Nerviosos

Me he dado cuenta que me cuesta escribir aquí. Este blog, tan público, tan accesible… No lo sé. Creo que es una herramienta increíble; yo tengo uno personal, y ahí la cosa es diferente. A diferencia de ese lugar (creado por un poco debajo del año), aquí no puedo escribir sin tapujos. O por lo menos, no me siento con la libertad de hacerlo. Vayan a saber porque, quizás al final de cuentas, hasta poco importe que haga yo de mis fines de semanas.
Pero algo que quería comentar, es sobre el Día del Libro este viernes pasado. ¡Que manera de sudar y querer terminar luego esa cuestión! No siento que la culpa sea de alguien en específico; de hecho, ni si quiera se si la culpa debería ser una palabra implicada en este asunto desafortunado. Pero resumiendo las cuentas, fue una de las situaciones más extremas de mi carrera de actriz colegial.
Ahí, en esa escena del balcón, no solo me tiritaban las rodillas por el hecho de estar conciente que si seguíamos sin recuperar la línea de la obra, yo iba a terminar tirándome de allá arriba; sino que además, podía sentir y respirar esa tensión corporal y mental de allá bajo, dónde Matías y Franco estaban. De reojo, veía la desfiguración facial del Profesor Luis, y la sonrisa semi nerviosa de Miriam. Por la mugre, que esto se termine rápido, por favor. No pedía aplausos, ni felicitaciones, ni haber salido decentemente linda en la grabación de la cámara de mi mamá… Solo pedía dignidad a la hora de terminar lo que era y fue, mi último día del libro.
Y gracias a Dios, no fue demasiado pedir. Por lo menos los rostros expectantes de todos esos papases mostraban una mueca de satisfacción por lo que veían; una mueca de agrado.
Mi moraleja principal fue: los torpedos con los nervios, no funcionan. Aprendí también, que el frío de la noche más el calor ultra venoso del cerebro, infunden un tibio valor que borra la percepción de quien actúa. Y que finalmente, nunca nada es tan terrible.

*Tampoco es que quiera pasar por esa clase de momentos siempre.  

lunes, 9 de mayo de 2011

"Lo malo era que en el fondo él estaba bastante contento de sentirse así, 
de no haber vuelto, 
de estar siempre de ida aunque no supiera a dónde..."
 
"Rayuela", Julio Cortázar. (1914 - 1984) Escritor, traductor e intelectual argentino.

domingo, 8 de mayo de 2011

Expectaciones / Realidad.

Es chistoso ver como el ser humano evade los problemas. Y es que somos sumamente cómodos, y las opciones se resumen a dos: darle tiempo al tiempo, o ignorar. Salidas fáciles, quizás ignorantes, y que se shó. “Eficiencias” mentales y poca estrategia emocional, nos embarcan en ese pequeño mundo que creemos, es mucho más fácil. Pero no. No lo es. Y como el propósito de hoy no es causar una reflexión con sobre lecturas y subtítulos mal pensados, simplemente me limitaré a decir que uno de los detalles de nuestra naturaleza caída y poco agradable, es que poseemos una facilidad de evasión olímpica de forma innata.
“¿Tiene problemas? ¿Acaso usted ha sido ofendido? ¿Espera hacerse respetar por osmosis? ¡No espere más! Corra y escóndase. Aseguramos un 99,9% de ahorros confrontacionales, de la forma mas segura que seguramente, usted espera…”
Mi hermana chica siempre que se manda una embarrada, se queda callada, y evita la situación hasta que se hace insostenible: mi mamá la reta, Victoria responde no es culpa de ella (nombrando mil factores de dudosa reputación), la sargento superior no le cree, y el punto chico de la casa termina haciéndole la ley del hielo hasta los que no tenemos nada que ver. Una escena simplemente conmovedora de madre e hija, en dónde ésta última intenta ser corregida. Pero al ritmo que vamos, siento que no se hace mucho. Nunca nadie le dice que los problemas se enfrentan; que hay que ser mujercita, reconocer los errores, o dicho al buen Chilensis, apechugar.
A mi me cuesta, para que vamos a andar con cuentos. Pero, de todas formas entiendo a quien no quiera tomar esa opción, por más difícil que se le haga. Nunca va a faltar quien te haga las cosas mas enredadas, dependiendo del punto de vista en que se le miré (creo yo).
Hablando con mi mamá, en todo caso, aprendí que a estas alturas de la vida, uno no tiene que esperar nada de nadie (que habite la tierra, eso sí). Hasta el que tiene mas Santos en la Corte, termina enjuiciado.


 No es que me sienta "Forever Alone", pero la foto me gustó.

viernes, 29 de abril de 2011

Entre discursos

No es que me haya gustado en demasía mi opinión sobre del discurso, pero si me agradó bastante. Muy rara vez me gusta lo que escribo, en todo caso. Siempre creo que podría ser mejor, en todo ambito, incluso con cosas como estas, cosas que realmente me gusta hacer. Pero el tema de mi blog por hoy, no será ese.
A continuación, mi ensayo.
  
Estoy de acuerdo con Jobs, en por lo menos, más del noventa por ciento de lo que plantea en su discurso. Tuve la oportunidad de ver su planteamiento por video, y en ningún momento dejó de agradarme. Muy por el contrario, lo sentía tan como mi tío favorito, aconsejándome acerca de la casi confusión que tengo respecto mi futuro. Podría notar en sus palabras, ese toque cálido que muchos en su lugar (tipos exitosos, con dinero y dueño de enormes empresas), no saben transmitir.Me llamó la atención la variedad de acontecimientos que marcaron su vida; un nacimiento no deseado, que pasó a ser anhelado por un par de padres que a pesar de no tener una carrera universitaria (a diferencia de la madre biológica), le darían lo que realmente necesita un niño: amor. Luego, cuando creyó que un curso de tipografía no le serviría para mucho, lo convirtió en una de las empresas más exitosas, cómo lo es Apple. (¿Quién no ha soñado con un notebook con la manzana del logo en la tapa? Yo sí, por lo menos). Y cuando lo echan prácticamente de su propia empresa, crea dos compañías; una que ha permanecido estable en el tiempo, y otra que se convirtió en la creadora de Toy Story, o sea, ¿De qué estamos hablando? A mí me parece simplemente fabuloso, que de tener cinco centavos para alimentarse, a través de sus habilidades y aprovechar las oportunidades entregadas, haya aprovechado cada una de ellas. No tenía nada que perder. Y es lo que, la mayoría de la gente, no hacemos. Encerrarnos en un mundo minimizado, pequeño, conformista, y “para que arriesgarnos, si después de todo puede que no resulte”.
El discurso de Jobs, me recuerda una frase de Joseph Chilton Pearce, escritor norte americano: “To live a creative life, we must lose our fear of being wrong”. Lo que en español significaría: “Para vivir una vida creativa, debemos perder el miedo a equivocarnos”. ¡Y es lo que más nos cuesta! El fracaso, o solo la idea de vivirlo, y la mayoría de las veces, solo por culpa de la gente que nos rodea. Escuchar comentarios mal intencionados, o simplemente perder la fe.
Algo que corregiría de Jobs, es que, no es que tengamos que creer en cualquier cosa; es creer en quien REALEMENTE vale la pena hacer: Dios. El seguramente no lo sabe, o quizás no lo tiene tan presente, pero fue el quien le ha dado todas las bendiciones que hasta el día de hoy, él posee.
Yo espero poder seguir sus consejos. Desarrollarme en eso que amo, y en ese talento que se me ha dado, sin temor a nada, porque sé que “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

domingo, 17 de abril de 2011

Eso de ser familia

Hoy día, por vez consecutiva, mi hermana tuvo la amabilidad de despertarme a las ocho de la mañana (madrugada). Ella es tan original, que todos los fines de semana, tiene diferentes formas de despertarme.
Ayer sábado, abrió la puerta lentamente. “Dani… Dani…”. Abrí un ojo. Su sonrisa (que ocupa más de lo normal en su carita) hizo que en vez que saliera un “Ándate, déjame dormir”, solo le devolviera (o intentara) una sonrisa. Un poco fallada a tamañas horas de la mañana, pero la intención es lo que vale, dicen. Y bueno, hoy fue menos decoroso. Sus gritos se escuchaban por toda la cuadra. Con suerte, no salieron de la comuna, y todo por maña.
Ella es súper diferente a mí, en especial a esa edad. Yo me acuerdo que cuando tenía cuatro, si mi mamá me decía que me callara, yo lo hacía, sin pensarlo, y de puro susto. En cambio, Victoria lucha por sus derechos hasta el final; incluso si la están amenazando con que no verá sus monitos el fin de semana. Mientras pueda hacerle honor a su nombre, ella hasta el final.
Su mente tiene forma de raíces cuadradas. Antes de aprenderse las vocales, se aprendió bien los números; cuando sabía sumar, contaba las letras de las palabras que decía. Ahora que esta en el colegio y tiene tareas, ella prefiere hacer las de matemáticas primero. Es algo que no me cabe. Tiempo invertido en algo que ella terminó transformando en operaciones aburridas. Yo fui de la idea que le comprásemos un silabario. Según mi mamá, ella lo iba a hacer de todas formas, pero que tampoco quería que la Vico se apegara mucho a las letras. Y yo podía entender esa sobre lectura en sus ojos, labios, y terminaciones nerviosas: No queremos otra artista en la familia. Llámenme como quieran, perseguida, da lo mismo. Para mis papás, el que yo quiera ser Escritora y después estudiar Arte para de alguna forma, complementar las dos cosas que más me gusta hacer, significa inevitablemente, morirme de hambre. Infelicidad. Pagar cuentas con amor. Bla, bla, bla. Esas cosas aprensivas típicas de un par de padres que se desgastan intentando subirte el ego con cosas como “tu eres para más”, “tienes buenas notas, darás una buena PSU, estudia otra cosa…”. ¿Y la felicidad? ¿El desarrollarse en las habilidades que Dios te da? A la punta del cerro.
Pero como iba diciendo. Mi hermana chica, es diferente. Yo digo (bromeando), que nos salió media comunista. Que algún día, la vamos a ver tirando piedras en las protestas, y que mi mamá va tener que partir a buscarla a la comisaría. Y que en caso que ella no vaya, yo feliz la voy a buscar. (Ojalá sea menor de edad si, porque sino, estaríamos en problemas). Más que nada, porque yo soy pura boca a veces, y me hago la agrandada. A mi no me da para estar en manifestaciones (creo). Prefiero verlo de lejos, con el favor de Dios que no me llegue una piedra en la cabeza o algo parecido. Y seguramente, me pondría a llorar si me suben a un Guanaco. Llamaría a mi mamá… Todo mal.
Victoria tiene espíritu de líder. Yo sinceramente siento que lo tengo, pero no lo ocupo, no me interesa desarrollarlo tampoco. A diferencia de ella, que se nota que le gusta imponer presencia, amenazar disimuladamente con su facilidad de manejo, en todo grupo en el que se pueda encontrar, incluso con sus no pares. Cuando le pegan, ella le dice que eso no se hace, y después lo ignora; a mí cuando me empujaban, me ponía a llorar, y esperaba a que se me pasara.
Las malas lenguas, hablan que somos iguales. Pero cada vez me convenzo que solo se trata de un asunto facial, y quizás corporal (en un futuro bastante más alejado)

domingo, 10 de abril de 2011

Que valga la pena

No sé que mucho contar, o que mucho omitir acerca de esta semana. Así que esto no fluirá demasiado, le aviso desde antemano, profesor.
He intentado responder con todas mis tareas diarias, ya sean colegiales, caseras y sociales. Como persona, hija por sobre todo, hermana, polola, sobrina. A pesar de no tener mucho ánimo. “Pal’ mal tiempo, buena cara” sería un buen consejo a seguir. A mi no me funciona mucho, pero por lo menos he hecho el intento y existe la disposición dentro de mí.
Esperé a escribir hasta hoy domingo, día límite, porque no tenía ganas de exteriorizar. Pero es un punto para lo que, podría llegar a ser un siete. Y aquí, todo sirve. Hasta las tareas y el cuaderno bien ordenado. Vale la pena hacer un esfuerzo.
Como dato freak, podría aportar que por décima vez, me dijeron que la Universidad de Chile pasa en paro, en especial la Facultad de Humanismo, la que está al lado del Piedragógico (Perdón, quise decir Pedagógico), y la Universidad Tecnológica Metropolitana. Cuál de las tres más revolucionaria. Si hasta le tienen apodo: “El triángulo de las bermudas”. Un conocido contaba que un día como cualquier otro, mientras jugaban fútbol, una bomba lacrimógena caía en la cancha de la Universidad. Todos se miraron perplejos. Definitivamente, que algo como eso caiga como Pedro por su casa, no es de todos los días. Mientras no me llegue en la cabeza si llego estudiar ahí, estamos al otro lado.
Tengo que admitir que aunque recién pasó el primer mes de colegio, ya quiero que se termine rápido todo esto, por lo menos lo que es primer semestre. El segundo es más corto, hay menos cosas, menos días, más estrés. En una de esas, valga un poco la pena.
Literalmente.