sábado, 1 de octubre de 2011

Simplemente


Ciertamente, no había mucho de qué conversar. Él, dedicaba su existencia a mirarse las zapatillas que ya rotas, hablaban sobre lo mucho que le gustaba andar; Ella, solo esperaba con el corazón en la mano. Esos silencios eternos, en donde el tiempo es el peor enemigo, eran tortuosos e incluso dolorosos para una muchacha, que ya se había cansado.
Los ojos cafés del poseedor de todo lo que respectaba a la niña mujer que tenía a un lado, se fijaron en el leve temblor de aquel rojizo labio inferior, que solo chocaba con el superior en una especie de “pinta carnal”. Era adorable, de eso no cabía duda, pero eso no era suficiente.
“Marcela”, dijo con voz segura, mientras rozaba su mano para que se detuviese. “Las cosas deben llegar hasta aquí...”
Por una fracción de segundo, la muchacha creyó desfallecer, mas su postura de indolencia solo congeló sus finas facciones y asintió con un movimiento suave de cabeza.
“De acuerdo”, respondió con una sonrisa que nunca nadie creyó.
Francisco tenía ganas de decirle que quería seguir siendo su amigo, pero algo más fuerte que la razón (algo que late, casi nunca correspondido) le cortó toda cuerda vocal. Ella no quería escuchar aquella cruda petición. Y seguramente, no volver a verlo, por más que su carnalidad se revolviese tortuosamente por dentro.
Seguramente, fue por esa misma razón que nunca más se le vio.


Alguna vez lo escribí, cuando aun tenia mas imaginación que ahora.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Una mano

Cuando el metro se paró antes de llegar a Moneda, supe que algo no andaba del todo bien. Díganle sexto sentido, predisposición e incluso pesimismo, pero el freno del vagón había sido demasiado brusco como para que fuese normal. Los rostros en general estaban a alerta, atentos a cualquier movimiento en falso…
El primer minuto sonreí algo nerviosa, y en teoría, la voz de Hugo me convencía que todo iba a estar bien, y que saldríamos de ahí rápido… A los cinco minutos, ninguno de los dos estaba demasiado con esa postura, aunque queramos declarar lo contrario. Hacía un calor asqueroso, la gente a esas alturas conversaba algo alertada, quizás algunos rostros aterrados se mantenían con el orgullo en silencio. Yo quería desaparecer.
“Se les informa que todas las líneas del metro se encuentran con una falla eléctrica. Por favor, evacuar el tren en la estación siguiente”.
Universidad de Chile (quiero creer que era un buen presagio para mi persona). Todos como animales siendo dirigidos por nosotros mismos, intentábamos salir a respirar aire un poquito más fresco que ese concentrado sudor  compartido sin más remedio dentro de la estación. Y la realidad allá afuera, era un poquito más desastrosa. Por tanto, con Hugo nos armamos cual alma de periodistas con una cámara para capturar aunque sea unos instantes la histeria colectiva (que tan alejada de nuestra mirada no estaba) antes de que el terror del “lanzeo santiaguino” fuera verbo en nuestros bolsillos, y peor aún, cayera sobre la cámara fotográfica de mi familia, ya que de ser así, en casa se ocuparían de hacer rodar cabezas (sí, quizás la de él también).
Caminamos como pudimos hasta el paradero que no se hallaba tan lejos, aunque en esta oscura ciudad sin fe de luz, el horizonte parecía tan sombrío y profundo, que siquiera las micros prestaban la escaza confianza luminosa de que claro, no estaban tan lejos como parecía.
Aquí estábamos los dependientes, las hormiguitas ejecutivas que trataban de ver más allá de su nariz, pero cuánto nos cuesta de día, cuando apoyados en el pasamano no se ve del metro cuadrado, cuando al saludar en realidad a nadie le interesa como estamos, cuando al ver al que necesita de reojo parece lejano ¿podría ser posible ver a oscuras, ver lo que de día nos parece imposible? No sólo necesitábamos luz, necesitábamos guía, necesitábamos agua, un paraguas por si llovía, todas las personas necesitábamos una mano.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Shilenidad.

Hacía rato que no tenía este encuentro tan cercano con las letras de mi notebook; esto de acariciarlas nuevamente, se siente tan grato, tan a gusto… También ver lo poco (re)cargado de mi blogger, no sé, simplemente se siente bien estar nuevamente en este refugio de interminables críticas mentales. Amo mi papel de escritora, y el que usted, toma de lector (si es que se pueden entender las ininteligibles ideas de una Daniela poco clara a estas alturas del año). Ya me atrasé en una semana en esto de las publicaciones, y la verdad no me siento ni veo afectada. Sí Profesor Luis Morán, la verdad es que un no siete para su asignatura, solo me hace sentir que desde el año pasado que no tengo el promedio máximo, y que desde el semestre recién ido, me he venido conformando con el seis punto nueve que me tiró como si de migajas se tratase… Pero esos temas, es mejor tratarlos en la sala, cuando puedo decirle a la cara mi poca conformidad.
Eso sí, hoy no me vengo a quejar, como pocas veces lo he hecho. Sinceramente, ni si quiera sé a que me dedicaré hoy; si es que a algún tema contingente, noticioso, algún hecho que verdaderamente valga la pena, y las postergables horas de sueño que me vienen pesando desde las siete de la mañana.
Así que, ¿Qué mejor que hablar sobre las Fiestas Patrias? ¿Ah? Un tiquitiquití, un zapateo bien puesto mialma, y sus interminables chori panes, anticuchos, carne asá, la Pepsi sin mucho gas (para los que no tomamos), la cumbia en vez de la cueca en la radio, y las risas interminables de la familia, resonando en el patio trasero de la casa.
Septiembre siempre fue un mes lleno de favoritismo para mí. Aunque la alergia siempre ha sido mi peor enemiga, es innegable que ese calorcito rico de septiembre, donde el viento sigue siendo el mejor acompañante de caminatas maquinadas, y el fresco de la tarde es un poquito más cálido de lo que se acostumbra después del invierno amante, es la mejor receta para cualquiera que sufra de cualquier dolencia. Además que siempre me ha gustado el paisaje naciente de tamaña fecha del año, desde hace uno atrás que se convirtió en algo más que especial. Un doce, para ser específicos.
El asunto es que para mí, no hay mejor fecha e instancia para compartir que el dieciocho. Aparte que es tan rico comer (por qué no decirlo), me encanta el ambiente nivel Chile que se concentra y se combina con el cochino aire santiaguino; hasta lo hace más agradable, fíjate tú. Es rico y triste a la vez, ver que por un fin de semana largo que sea, más de la mitad de la población chilensis se sienta un poquito orgulloso de pertenecer a tremendo país. Siempre he sentido que si se leyese más historia, probablemente seríamos unos apasionados por la tierra que nos tocó trabajar; que no nos fijaríamos en las culturas repetitivas de otros países, ni tampoco la intención de copiar todo; un Made in Chile que no nos vendría demás (creo yo).
Por lo mismo, espero que todos pasen unas increíbles fiestas; reviéntense comiendo (en un hermoso y poco literal sentido, en lo posible), disfruten con sus amigos y familiares, lloren de risa, bailen, conversen, tomen muchas fotos, y por qué no, aprovechen los días que nos dio el colegio para terminarse Fuenteovejuna… Ahora enserio, queridos compañeros, denle gracias a Dios por vivir en un país, dónde la estrella, el blanco, el azul y el rojo, son partes iguales de un corazón; por esa Primera Junta Nacional de Gobierno, que por divinidad, no fue dirigida por Don Seba Piñera; probablemente, estaríamos todavía en mesa de dialogo. Y bueno, para el Profesor que me encomienda trabajar en este blog… Pásela chancho en Argentina, poco patriota. Mire que justo irse para la baila' de cueca. Mish.


 Avíspense, y de verdad. Si alguno de ustedes va a manejar después de tomar olímpicamente... Pásen las llaves.
Aunque ninguno de ustedes, compañeros de mi alma, tiene licencia. Así que solo me queda decirles... Cuidado con sus bicicletas y sus pies.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Inopinado.

La vida se va en segundos, así como llega. Nada nos asegura ni ata sobre la faz; ni el dinero, ni la posición, ni tampoco la fama. Mucho menos quienes decimos ser, y quienes pregonamos, seremos. Cuando Dios traza líneas diferentes sobre nuestro plano de vida, no hay nada que se pueda hacer en contra de ello, por más que caigamos de rodillas, nos revolquemos en el piso, gritemos de dolor.
Llegó hasta lo más profundo de mí ser la noticia de este fin de semana. Era (y sigue siendo) como esa sensación que te recorre por todo el cuerpo, y que por más que ves, no lo crees. Cuando un peñisco en el brazo, no es suficiente; cuando las probabilidades se enfrentan con la fe, la esperanza, eso que queremos y necesitamos creer.
Fueron veintiún cuerpos, espíritus, almas, hijos, amigos, amantes. Veintiún personas que seguramente tenían planes, sueños. Familias que esperaban ansiosos por recibir fotos, noticias de la Isla a la cual acudían, sin más que ayudar. Pero las vueltas de la vida, y literalmente las del avión, arrugaron sus destinos: el propósito de ellos humanos, no se cumplió.
Para los que me conocen, no les deslumbrará precisamente, saber que lloré. Principalmente, porque no esperas todos los días que gente muera así, de forma terrible. Me preguntaba, ¿Qué habrá pasado por sus cabezas? ¿Cuáles fueron sus últimas palabras? ¿Habrán pensado en Dios? ¿Lo conocían a caso? ¿Se arrepintieron? Así que no lloraba por que existiese gente conocida en esa tragedia, o por simple pena: lloraba por sus almas, por esa cruda realidad que muchas veces tenemos a diario, pero que nos hacen tomar conciencia cosas como estas. ¿Cuánta gente muere cada día y no ha aceptado a Jesucristo? No a ese religioso que los católicos y otros suelen poner lejano, por allá arriba; sino a ese que vive dentro de uno mismo, a diario, esperando por abrir esa puerta de nuestro corazón, que suele estar cerrado bajo llave. ¿Qué es lo que hacemos callados?...
Quizás para lo que debería escribir, esto es poco. Y es que siento que respecto al tema, no tengo más palabras. Muchas preguntas, respuestas conocidas… Solo le pido a Dios por cada uno de los que viajaban en ese avión: Felipe Camiroaga, Roberto Bruce, Sylvia Slier, Carolina Gatica, Rodrigo Cabezón, Felipe Cubillos, Sebastián Correa, Joaquín Arnolds, Catalina Vela Montero, Joel Lizama, Jorge Palma, Gália Díaz Riffo, Romina Irarrazabal, José Cifuentes, Rodrigo Fernández, Carolina Fernández, Juan Pablo Mallea, Erwin Núñez, Eduardo Jones, Eduardo Estrada, y Flavio Olivo.
Para finalizar, solo me queda agregar que espero, esta semana puedan encontrar sus cuerpos; y esperar por un milagro.


domingo, 28 de agosto de 2011

Puerta Número Veintiseis.

Los pies de Elías corrían erráticos por los pasillos de aquel departamento. Con el corazón a mil por segundo, la respiración apresurada cómo cada noche de cálido sustento, y aquel putrefacto sentimiento que no lo dejaba pensar con claridad, no hacía más que ignorar el roce del aliento de ese viento filtrado por las pequeñas ventanillas del lugar. En esos interminables pasillos llenos de suspiros, podían estar invadidos de mortíferos elementos, más, a él realmente no le importaba.
Las lamentaciones tardías de su conciente, no hacían más que devorarle la memoria; tener ganas de agarrarla de alguna forma posible, y arrancarla. Ensordecer los oídos internos de su alma, y simplemente ignorar. Ignorar que había procedido mal. Tan mal que ahora le estaba costando su ser, su pensamiento, su razón, su necesidad, su latir diario, su mirada, y su sonrisa matinal.
Ahí todo se estaba transformando eterno, desesperante, cómo si nunca llegase a su destino final. Pero tenía miedo. Un increíble y poco satisfactorio miedo que lo invadía desde más allá de su frente, hasta más acá de los pies. Y maldecía. Maldecía una y otra vez, en su pensar, y en voz baja, e incluso lo gritaba, mientras las manos le carcomían la piel por golpearse a si mismo. Arrancarse los dientes, fracturarse la nariz. Y sí, el lo merecía.
Desesperado, y con la frustración siendo expulsada a través de sus nudillos, comenzó a golpear la puerta del departamento número veintiséis una y otra vez, ignorando la fuerza, la impotencia, y el dolor acumulado en los huesos de su mano.
“¡Lucía!”, gritaba ignorando las miradas discriminadoras y malintencionadas de un par de señoras que abrían la puerta continua a sus gritos. “¡Lucía, ábreme la puerta, por favor!”.
Y así continuaba, intentando atravesar con frustración enclaustrada, aquella puerta que le impedía el paso. ¿Habrían sido ciertas las palabras que repentinamente llegaron a sus oídos? A medida que su mente comenzaba a inundarse con la peor de las noticias, sus ojos hacían lo mismo con lágrimas reprochadoras hacia su persona. Pequeñas, pero verdaderas lágrimas que mojaban el borde de un ojo que jamás había llorado por amor, o algo que se le pareciese.
“Disculpe”, una voz masculina y proveniente de sus espaldas lo sacó de su funeral personal. “Escuché que está buscando a Lucía, joven”.
Elías, quien tiritaba como si la nieve comenzase a carcomerle la morena piel, se volteó lentamente para mirar a un caballero de rasgos definidos y amables. “Si. ¿Sabe dónde podría encontrarla? Me urge… Me urge hablarle”.
“Me temo que no. Lucía se fue a Temuco con su familia. Pero, le ha dejado esto”, estiró su brazo arrugado por los años, y le entregó un sobre blanco, con su nombre escrito a tinta negra, e imprenta de Lucía.
“Muchas gracias”, respondió el atribulado muchacho, mientras veía como el hombre le sonreía amablemente, y entraba nuevamente a su hogar.
Una vez solo, y sin ojos que lo observaran, caminó hasta apoyar su espalda en la puerta número veintiséis, y descendió lentamente hasta caer sentado. Con las manos temblorosas, abrió el sobre intentando no romperlo, más le fue imposible; los nervios romperán la cordura, incluso de un tranquilo e inofensivo sobre de papel.
“No quiero escuchar explicaciones. No quiero escuchar más mentiras, Elías. No quiero saber que harás de tu vida, y tampoco quiero que sepas que sucederá con la mía. Solo quiero que no me busques, porque, no me encontrarás. Será una perdida de tiempo, y una pena circunstancial, después de todo, volverás a los brazos de quien te dio felicidad en tu pasado, y quien irrumpió nuevamente en tu presente… Solo te pido, que si algún rastro de respeto queda de tu parte hacia mí… Que si solo queda algo de respeto, te olvides que alguna vez existí en tu vida, y de los besos, las caricias, las canciones y los poemas con ortografía delicada te escribí. 
Lucía”.
El pequeño mundo dentro de su mundo, se derrumbó. No solo quedaban rastros de respeto hacia la mujer que le dedicaba cada fría línea, si no que además, amor. Había cometido un error, y lo estaba pagando, más, era persona. Un ser humano de los corrientes, de los que se caen como cualquier otro. Y él la necesitaba increíblemente para ser feliz. Él podía notar que ella realmente no quería decirle adiós… No quería decirle adiós al hombre que la había hecho sentirse como la mujer más especial sobre la faz del planeta, del continente, del país, de la ciudad, de sus sábanas, de su piel. Pero Elías sabía, no podría perdonarlo. No podría permitir semejante inconsecuencia, poca compostura, y nada de control.
Los sollozos se hicieron aún más fuertes, acoplándose con los de Lucía, quien se encontraba dentro del departamento, también con la espalda apoyada en la puerta, y derrumbada sobre la alfombra, afirmando su mano, y ocupando toda la fuerza acumulada en su cuerpo para no abrirle la puerta, a quien hizo lo contrario con las de su pequeño infierno racional…

viernes, 19 de agosto de 2011

Her Morning Elegance.

No sabía muy bien que comentar esta semana. En general, no han pasado cosas sobre naturales; todo ha marchado sinceramente bonito y tranquilo. Las mañanas siguen siendo igual de ociosas al despertar, y el mundo sigue pareciendo lo peor cuando intento mirar bien. No sé si sabían que mi estado de coma natural, dura hasta el primer recreo, o sea, a las diez de la mañana. Así que si alguna vez he sido más pesada de lo normal con alguno de ustedes en el horario específico, ya sabe que no es por odio, ni por que me cae mal, simplemente porque nunca he sido muy amiga del despertar.
En todo caso, hoy no pretendo hablar de lavados de cara, lagañas, y todo lo que conlleva el encontrarse con la espantosa realidad después de un reconfortante sueño.
Estuve pensando durante todo el día que tema desarrollar. Quizás escribir algún cuento, pero siento que no va con el estilo del blog, después de todo, esta cuestión tiene nota, es para comentar el día a día, y si me voy muy en la volá, el Profesor a cargo me podría llamar la atención; después pensé que podría hablar sobre La vida es Bella, pero ya rayé la papa lo suficiente con el trabajo de Historia y la Segunda Guerra Mundial, dejándome extenuadamente apagada.
Así que, decidí entregar un tesoro en este humilde, no muy colorinche y sincero blog. No caballeros, no es dinero, ni el numero de la cuenta corriente de mi papá (llena de deudas), ni mi contraseña (cueck), ni nada que seguramente a usted, persona a través de la pantalla, pueda conseguir para beneficio de su bolsillo: pero sí alimentará su corazón, sus oídos y su vista.
La primera advertencia, es que lo que viene a continuación, no se clasifica en el género pop (según tengo entendido), especialmente porque el artista, es para nada conocido. ¿Cómo fue que llegó a mis oídos entonces? Tan simple como que un día de verano, en un atardecer de Viña del Mar, cerca de las raíces de un árbol gigante, sonó en un audífono audiblemente delicioso que me llamó la atención, y me hizo acordar que en alguna vida lejana, un ex camarada me la mostró.
La segunda, es que cuando vi el video, me enamoré de él locamente. Si usted tiene atisbo de maravillarle las cosas bonitas y algo de originalidad, sabrá apreciar el por qué. Creo habérselo enseñado a la Javi y nadie más. Principalmente porque tenemos el mismo gusto (o muy parecido) en cuanto a arte visual.
La tercera es que, si no le gusta, entonces esta lejos de compartir los mismos gustos que yo; y si encuentra que no es su estilo musical, sáquese el prejuicio de los ojos y los oídos y recuerde que la música es una sola; la música, esa que es capaz de mandarnos tan lejos, que en algún otro satélite podemos encontrar realidades recónditas; la música, esa que se bien que usted y yo conocemos, incluso si no nos hemos hablado ni si quiera una vez.

Así que ahora siéntese, póngase cómodo, traiga cabritas si quiere, y no pestañee, porque lo que presenciará a continuación, si es que no lo ha visto, le fascinará.

  
Ps. Si cree que fui demasiado exagerada, hágamelo saber.  

martes, 16 de agosto de 2011

Video de la semana.


La Javi dijo que me gustaría este video. Lo ví, y no pudo penetrar mi felicidad de otra forma que no fuese en un hermoso sentido.
Es tal cual, todo. Así que Hugo... Ésto es para tí.